La leyenda del oso filósofo

En una aldea remota, situada más allá de lo imaginable pero no tan cerca de lo inimaginable, un oso, fornido y de gran mandíbula, meditaba mientras fruncía el rostro.

Impacientemente, el oso caminaba de extremo a extremo. La naturaleza se preguntaba que era lo que tanto ocupaba al oso. Más rápido de lo que canta el gallo, el oso se detuvo. La naturaleza se sorprendió, y quedo a espera de su reacción. Mirando hacia el horizonte, sobre las ramas de un árbol de manzanas, una cotorra dialogaba amenamente con una deliciosa fruta. Con cortesía el oso se dirigió hacia la fruta; consternado, le preguntó: - Fruta, dime tú, ¿acaso no le temes a la cotorra?

La fruta, sonriente y sin sonrisa, decidió no hablar. El oso, insistente, le volvió a preguntar: - Fruta, dime tú, ¿acaso no le temes a la cotorra?

Esta vez, la fruta con un ligero movimiento alteró el viento y pudo hablar: ¿acaso tú le temes a la cotorra?

El oso, no contento con la retórica de la fruta, objetó: Fruta, yo soy grande y fuerte, ¿Cómo podría temerle a la cotorra?

La fruta, sin dudar, le respondió: te aseguro que yo igual lo soy. El oso no lograba entender. No satisfecho, se acercó al humano.

- Humano, me has de disculpar si te interrumpo, pero… El humano, cálidamente, como no es común de su especie, sin dejar al pobre oso terminar su oración, le preguntó: ¿oso, qué es para ti el amor?

¿Amor? El oso exclamó. El Amor es un sentimiento hermoso. Se expresa de distintas formas, algunos aman apasionadamente, otros mesuradamente. El amor es un arte que lleva tiempo dominar. Y para todo, ¿Por qué me preguntas que es el amor?

- Porque estoy enamorado – el humano respondió. Enamorado de la vida, enamorado del amor, enamorado de mi amor. ¿Y quién es tu amor? – El oso inquirió.

Mi amor es ella, mi dulce doncella. El cáliz de mi corazón, la alquimia de mi humor. Hace unos días celebramos nuestro amor con una gran ovación. El oso dejó de dudar y, poco a poco, empezó a escuchar; eliminó las viejas enseñanzas de la fruta y se agitó ante los versos del humano.

De filósofo a adorador del amor, el oso descubrió que lo que tanto lo hacía pensar era el amor tratándolo de encontrar. El oso no pudo dejar de escuchar lo que el amor significaba para el humano. Y así pasó el tiempo. Cuenta la leyenda que el tiempo no paró y el fornido oso se transformo en un pequeño oso inmóvil, grande y fuerte, lleno de amor.

Esplendor

Gabriel García Márquez dice que "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Esta pieza es el recuerdo de una época de esplendor; una época donde el amor florecía y la tragedia no tenía cobijo.

"La leyenda del oso filósofo" es un cuento que escribí para mi bella y querida novia de aquel entonces. Disfrutabamos de los primeros días de nuestro noviazgo y apenas vislumbrabamos la realidad. Complementariamente al cuento, traté de perpetuar la leyenda encarnando al oso petrificado en un oso peluche. Lo que ingenuamente no percibí fue la extensa cola que prendía del cuerpo del pequeño oso. Entre juegos y bromas, lo que en principio tenía que ser un oso terminó siendo un osomono. Sin desearlo, por gracia y ternura, la historia del osomono rasgó de por vida nuestros corazones.

En la posteridad, al escuchar o leer esta historia, el mundo encontrará un cuento de hadas. Los vaivénes y miserias humanas quedarán sepultadas en el olvido. Lo que sobrevivirá será la dulce sensación de una historia de amor sin prejuicios, inocente y traviesa.

La gloria no reside en lo que no vino, sino en lo que luchamos por conseguir. Yo luché y ella luchó, y lo que conseguimos es el grato recuerdo de una historia de amor. La historia de dos almas jóvenes que consumaron su amor.

Luis Oscar Ramos Carreón